Diamante

Diamante: la piedra más deseada y codiciada, sin embargo antes de ser pulida, no la concederíamos ningún valor, y la desecharíamos, pero para dar todo su brillo y mostrarnos toda su belleza y esplendor ha de ser tallada, facetada y pulida.

Así nosotros, para brillar, para reflejar con intensidad todo el amor de Dios que llega a nuestros corazones hemos de ser tallados y pulidos por El: en las pruebas, en las enfermedades y en los sinsabores que rodean toda nuestra vida. Es así como ofrecemos a los demás, nuestros mejores reflejos de SU amor, y como renacemos con más belleza interior, haciendo que la luz de Dios se difunda con más intensidad a los hermanos. Hoy una de las lecturas nos anima a ello.

"Hijo mío, cuando te acerques al temor de Dios, prepárate para las pruebas; mantén el corazón firme, sé valiente, no te asustes en el momento de la prueba; pégate a él, no lo abandones, y al final serás enaltecido. Acepta cuanto te suceda, aguanta enfermedad y pobreza, porque el oro se acrisola en el fuego, y el hombre que Dios ama, en el horno de la pobreza. Confía en Dios, que él te ayudará; espera en él, y te allanará el camino… Fijaos en las generaciones pretéritas: ¿quien confió en el Señor y quedó defraudado?; ¿quién esperó en él y quedó abandonado?; ¿quién gritó a él y no fue escuchado? Porque el Señor es clemente y misericordioso, perdona el pecado y salva del peligro. ( Eclesiástico, 2 1-13 )"

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